
Desde mi punto de vista, las 10 P’s del Emprendimiento explican de manera muy clara que emprender no es solo crear un producto o buscar ganancias, sino desarrollar un proyecto integral que comienza con la persona que emprende. Considero que el emprendedor es la base de todo, ya que sus valores, habilidades, experiencias y forma de relacionarse influyen directamente en el rumbo y el éxito del negocio.
El propósito es fundamental porque le da sentido al emprendimiento y actúa como una guía para tomar decisiones. No se trata solo de ganar dinero, sino de generar un impacto positivo y aportar algo valioso a la sociedad. Cuando el propósito está bien definido, es más fácil mantenerse motivado y superar los obstáculos que surgen en el camino.
El público también juega un papel clave, ya que es quien recibe el valor del emprendimiento. Entender sus necesidades, motivaciones y expectativas permite diseñar mejores productos y servicios, y construir una relación de confianza. Sin público, el emprendimiento no tiene razón de ser.
El proyecto, los procesos y el plan ayudan a convertir las ideas en acciones concretas. Estos elementos permiten organizar el trabajo, usar mejor los recursos y reducir la improvisación. Tener procesos claros y un plan bien estructurado facilita el crecimiento y la sostenibilidad del negocio.
Por último, el producto y la propuesta de valor representan lo que realmente se ofrece al cliente. En mi opinión, la propuesta de valor es clave porque no solo comunica lo que hago, sino el beneficio real que el cliente obtiene. Todo esto se conecta con la marca personal y el posicionamiento, ya que como emprendedor también soy una marca, y mi valor depende del aporte que hago a los demás. En conjunto, las 10 P’s muestran que el crecimiento del proyecto y el crecimiento personal van de la mano.



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